Siete
Días en Dortmund
Por MRivera♥
Antes de dormir lo había meditado, ya no
podía contener las ganas de hablarle y saber su nombre. Aquel viernes, último
día de entrenamiento previo al partido del domingo ante el Schalke 04, Marco
despertó sin necesidad de la alarma, ni siquiera se colocó las pantunflas de
oso que tenía bajo la cama y caminó descalzo hasta el baño para echarse agua en
la cara. Secó su rostro con una toalla, vio al espejo y sonrió así como lo
hacen los enamorados. Al percatarse de ello comenzó a burlarse de él mismo.
Después de cambiarse preparó su desayuno
predilecto, tomó las llaves del Audi rojo, encendió el motor y salió directo al
entrenamiento.
- ¡Hey Blondie! ¿se puede saber el
motivo de tu felicidad? - Aún en el estacionamiento Mats se acercó a Marco para
saludarlo con un abrazo.
- Ya que insistes tanto, pensé en lo que me
dijiste la última vez...
- ... quieres decir lo de ayer por teléfono -
interrumpió Mats.
- Exacto. Tal vez tengas razón.
- Siempre la tengo.
- Maaaats - alargó "Blondie"
- recuerda que existe algo llamado humildad.
- Okay, okay. Entonces ¿cuándo la verás? -
preguntó ansioso.
- Saliendo de entrenar iré al parque, quiero
darle esto - de su bolsillo derecho, el rubio sacó un boleto para el partido
Borussia Dortmund vs. Schalke 04, cerca del banquillo.
- ¿No era preferible darle uno en la zona
VIP?
- Quiero tenerla lo más cerca posible, la
zona VIP está demasiado lejos, además si meto gol podré correr donde ella para
festejar a su lado.
- ¿Crees que querrá abrazar a un hombre todo
sudoroso? ¡Pobre chica, olerá terrible!
- Para tu información Hummels, mi sudor huele
exquisitamente...
- Humildad Marco, existe algo llamado
humildad -. Ambos rieron.
* * *
Había llegado la hora. Como en toda aquella
semana, Marco se acomodó en la banca bajo el más frondoso árbol del parque,
dispuesto a esperar a su conquista la cual no tardó en aparecer envuelta en un
largo abrigo negro. Aunque ya lo tenía bien decidido, Marco prefirió no
hablarle estando a escasos metros de la joven. Nuevamente la duda surgía
"¿y si acepta salir conmigo únicamente por interés y no por lo que puedo
llegar a ser en su vida? ". El rubio dio mediavuelta y se retiró pero al
día siguiente regresó con las mismas intenciones, esta vez sin importarle la
razón por la que la chica le pudiera aceptar la invitación. Misma hora, mismo
lugar. Allí permaneció las siguientes cuatro horas pero nada. Creyendo que no
había esperado lo suficiente se quedó hasta tarde cuando las lámparas empezaron
a prenderse. "¿Por qué no vienes? " susurró. "Quizá hoy no
pudiste salir temprano de donde sea que debías hacerlo... será mañana...
lamento que no pudieras acompañarme en el partido pero ya habrá tiempo"
dijo para consolarse.
* * *
- ¿La trajiste? - Mats estaba muy emocionado.
- Ayer no llegó al parque.
- Pero ayer fue sábado, se supone que irías
el viernes.
- Fui, pero me faltó valor, entonces regresé
ayer - Marco terminó de colocarse la espinillera del lado derecho, antes de
saltar al campo.
- Bueno campeón, probablemente vea el partido
desde casa, ¡da lo mejor de ti! - esas fueron las últimas palabras de aliento
que escuchó Reus por parte de su amigo antes del silbatazo de inicio.
* * *
El resultado final favoreció al BVB. Marco
había anotado el único gol del partido y en celebración dirigió una mirada a
Mats, quien comprendería que su gol había sido para la desconocida que lo traía
perdidamente enamorado.
Con muchos ánimos fue al parque para
confesarle a su amada lo que sentía por ella. Otra vez mismo lugar, misma hora
(el juego había sido por la mañana). Otra vez no apareció. El chico se estaba
impacientando, sus ánimos habían reducido considerablemente pero no se movió
del lugar ni siquiera porque pequeñas gotas de lluvia caían sobre él. Al no
tener ningún compromiso el lunes, decidió quedarse en la fría banca a dormir
para así encontrarse con su amor pues pensó "tal vez cambiaste tu
horario".
Amaneció entonces en el parque donde Reus
jugaba con su padre cuando pequeño. El sol salió en Dortmund y secó la ropa de
Marco.
Cansado y sucio caminó al edificio hasta
donde una ocasión siguió a la desconocida. Al reconocerlo el recepcionista, no
llamó a seguridad para sacarlo debido al aspecto que traía. El muchacho subió
por las escaleras hasta el piso en el que recordaba la vio entrar el martes,
justo en la habitación 11. Llamó a la puerta esperanzado mas nadie abrió. Tocó
durante un par de horas hasta que el hombre que lo había reconocido en
recepción fue a verlo debido a las múltiples quejas que habían levantado los
inquilinos.
- ¿Le puedo ayudar en algo señor?
- ¿Va a tardar mucho la señorita que vive
aquí?
- Disculpe pero no vigilamos a nuestros
huéspedes, así que no lo sé y si lo supiera no tendría el derecho ni deber de
decírselo señor Reus.
- No me digas señor... ¿cuánto dinero
quieres? - sacó su cartera.
- No quiero su dinero... haré una excepción
con usted... contigo, se fue hoy por la madrugada.
- ¿Qué?, no puede ser -. Marco se negaba a
creer.
- Sí, sólo pagó siete días...
- Si se iría ¿por qué rentar siete días un
departamento? ¿Acaso no era mejor opción un hotel? - cuestionó desconcertado y
molesto.
- ¡Cálmese... cálmate por favor Marco!
Jamás habría imaginado que la joven sólo
pasaría siete días en aquel sitio, de haberlo sabido su declaración de amor se habría
adelantado. Apenas asimilaba la situación, pensó en buscarla a partir del
registro en el edificio, pero la habitación había sido rentada por la empresa a
la que presentó un proyecto que al ser rechazado, eliminó toda información
sobre ella y ninguno de los empleados que la conocieron recordaba su nombre.
¡Cuán difícil le resultó a Marco el no poder contactarla!
Desde ese día, durante los meses siguientes
visitó el parque donde la había encontrado por vez primera con la ilusión de
volver a verla y confesarle sus sentimientos que poco a poco fueron en aumento
hacia ella.
"Desde aquel momento, me propuse visitar
el parque de mi infancia a diario, el parque donde encontré el amor que nunca
pude tener" Marco.